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Cristina Santander nació en Buenos Aires, estudió grabado en París, durante la adolescencia la invitaron a exponer en el Instituto Di Tella y hoy su obra puebla museos del país y del exterior. La artista, creadora incansable, repasa aquí su carrera y habla del lugar de la belleza y del arte en nuestra sociedad. “Uno no se puede angustiar porque pasa el tiempo, si lo vivió: mejor”, dispara.
 

“Pinto desde siempre. Además vengo de una familia de artistas, en casa permanentemente se vivía un clima proclive al arte. Mi padre y mi tío tenían una orquesta de jazz, mi tía –Helen Jackson- fue una cantante muy buena. Aunque siempre dibujé, al principio me inclinaba por la danza, pero a los doce años ya sabía que lo mío era la plástica e ingresé a la escuela Manuel Belgrano, luego fui a la Prilidiano Pueyrredón. Tuve excelentes maestros en grabado y pintura. Más tarde fui a la Escuela Superior de Bellas Artes Ernesto de la Cárcova de la cual no egresé porque, cansada de las materias teóricas, tenía otros planes. A los 17 años gané el Premio Municipal...”

“Creo que la juventud es una parte de la vida y que la belleza también viene con los años, con la templanza”

Habla Cristina Santander. Nacida en Buenos Aires, Argentina. Además de lo que acaba de contar, la artista estudió en el Atelier 17 de París –centro clave para la renovación del grabado–,  con Stanley W. Hayter; fue becaria  en la Casa de Velázquez del gobierno de Francia en Madrid y se desempeñó como docente en la Facultad de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón y en la Escuela Superior de Bellas Artes Ernesto de la Cárcova. Sus obras se encuentran en importantes museos y colecciones del país y del exterior. Obtuvo el Tercer Premio, Salón Pro Arte, Córdoba, Argentina; el Primer Premio, Bienal de Ibiza, España, y el Premio Bienal Internacional de Grabado, Francavilla al Mare, Italia, entre muchos otros reconocimientos.

–¿Qué recuerdos tenés de aquella época del Atelier 17 de París?
–Stanley William Hayter desarrolló la técnica sobre el color y yo aprendí mucho de él. Aunque trabajé mucho en grabado, soy una artista plástica, no me quiero encasillar. En cuanto a los recuerdos, siempre tengo recuerdos del presente.

–¿Cómo fue tu paso por el Instituto Di Tella?
–No estuve exactamente en el Di Tella. En realidad, Jorge Romero Brest –director– me invitó a una exposición De Prilidiano Pueyrredón a Nuestros Días. Yo representaba “nuestros días” porque tenía apenas quince años. Claro que la experiencia del Di Tella fue algo grande, pero no me enrolé, no era de la troupe. En realidad no pertenezco a ninguna troupe. Tampoco soy una artista marketinera. Si lo que hago vale es por mis ideas,  mi trabajo y mi formación.
–¿Cuál fue el premio más importante, el más significativo, que recibiste, y por qué?
–Siendo muy joven gané el Primer Premio de  la Bienal de Ibiza, que me abrió muchas puertas para exponer en España. En ese país me fue muy bien. La reina de España tiene obra mía. Iberia me ha comprado muchas obras.

–¿Quiénes son tus referentes en el arte?
–Fui alumna de Ideal Sánchez, de López Anaya, de Aída Carballo. Esos maestros me marcaron mucho. En París, conseguí un permiso para ir al Louvre, iba todos los días a dibujar. Siempre pensé que ver mucha pintura es muy importante.

–¿Cuáles fueron tus momentos más creativos?
–Todos. Tengo tres mil pinturas, treinta mil estampas hechas en grabado. Nunca dejé de trabajar. Para mí no existen las vacaciones, siempre estoy haciendo algo.


–Te dedicaste también a la docencia
–Me gusta mucho. Uno puede enseñar de muchas maneras, con un gesto, con una palabra. Creo que no hay mejor consejo que el ejemplo.

–Además, hacés joyas

–Sí, hago los diseños. También trabajé en textiles estampando telas en Estados Unidos y me fue muy bien. Me gusta hacer muchas cosas, creo que esta vida no me va a alcanzar para hacer todo que quiero hacer. También me gusta la fotografía, la captura del instante.

–¿Qué es la belleza para vos?
–La belleza es algo que sale de adentro. Creo que la juventud es una parte de la vida y que la belleza también viene con los años, con la serenidad, con la templanza. En estos días, la búsqueda de un ideal de belleza se ha vuelto estereotipado. Uno no se puede angustiar porque pasa el tiempo, si lo vivió: mejor.

–¿Pensás que las artes plásticas pueden influir en lo social?
–Es mucho lo que se puede hacer. Yo quiero darle a la gente algo bueno. Me dediqué mucho al grabado porque pienso que es una alternativa más accesible que la escultura o la pintura. Hoy hay pinturas que se venden casi a trece millones de euros. Si una pintura mía llegara a venderse a ese precio, voy a dejar en mi testamento que ese dinero se done a todos los chicos que tienen hambre.
“Tengo tres mil pinturas, treinta mil estampas. Nunca dejé de trabajar. Para mí, no existen las vacaciones”

–Estoy pasando una muy linda etapa de mi vida, durante la juventud también. Creo que soy una privilegiada, Dios me ama.

Santander está trabajando con acrílicos, mármoles. Se maneja con el bajorrelieve, el friso. Hizo una exposición en el Centro Cultural Recoleta en mayo de 2010, con cuarenta obras nuevas, producto de su investigación.

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