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El artista Diego Dayer, de 30 años, viene pisando fuerte hace rato. Entre otros reconocimientos, obtuvo recientemente el Segundo Premio del concurso Belleza Intervenida organizado por Centros B&S y la Galería Hoy en el Arte. Fue con una pieza titulada La Olympia de turno. Aquí habla de esa obra, de la figuración, de la fragmentación de la imagen y de otras características de su trabajo. Además de la belleza, claro.
 
La Olympia de turno es una parodia al culto por la belleza física”, dispara Diego Dayer respecto del cuadro con el que obtuvo el Segundo Premio del concurso Belleza Intervenida, organizado por Centros B&S y Galería Hoy en el Arte. Un certamen, recordémoslo, que versó sobre Olympia, la célebre pieza que Éduard Manet pintó en 1863. El cuadro de Dayer revisita al clásico para convertirlo en una obra contemporánea. E inquietante.
“No creo que esté mal cuidarse y querer verse lindo pero la belleza espiritual también es muy valiosa”.

“Todos sabemos que la Olympia de Manet representa la belleza eterna a través de una bella modelo del siglo XIX –agrega el artista-. Pero en mi representación la eternidad se diluye y esta nueva Olympia, con mucha seguridad, será remplazada cuando aparezca una nueva, más bella y más joven”.

“No creo que esté mal cuidarse y querer verse lindo, pero la belleza espiritual también es muy valiosa y no hay que perderla de vista –aclara Dayer–. Cuando estamos bien internamente tenemos ganas de vivir y de hacer cosas buenas por nuestro cuerpo y por nuestros afectos”.

–En tu obra se nota un interés por el dibujo de figuras muy detalladas, casi fotográficas.
–Me gusta dibujar y pintar cosas que puedan ser identificadas con facilidad. Para eso, el valor iconográfico de la representación tiene que ser alto. Cuando era pequeño pasaba muchas horas rehaciendo un mismo dibujo para lograr que fuera igual que el original y al año siguiente volvía a repetir el mismo dibujo para seguir salvando errores. Ahora ya no tengo que repetir tantas veces el mismo dibujo pero igualmente me resulta muy difícil representar con objetividad algo que ya existe. Dicho en otras palabras: pintar en forma realista o fotográfica. Siempre se escapa algún detalle, y lo que lo hace más complicado es que todos tenemos modos diferentes de percibir las mismas cosas. Este oficio requiere de mucha paciencia y dedicación.

–Tus figuras tienen cuerpos muy hermosos, cuerpos que responden al canon actual de la belleza. ¿Qué buscas señalar con ello?
–Para representar algo hermoso elijo una rosa porque creo que es un buen símbolo. El espectador reconocerá  el símbolo y sabrá qué es lo que quiero decirle. Creo que la mejor forma de pintar sentimientos y sensaciones  es eligiendo símbolos que estén ligados a ellos. Siento que en el lenguaje gráfico, las personas o cosas bellas transmiten sensaciones placenteras y espirituales.


–¿Qué podrías decir del efecto de fragmentación y repetición que aparece en muchos de tus trabajos? 
–Surge para conectar la técnica que uso, clásica e histórica, con la actualidad. La primera vez que lo hice fue después de ver una pintura de Hugo Sbernini, donde también fragmentaba la imagen. Fue cuando recién comenzaba mi búsqueda estética  y sentí que mi imagen tenía que estar fragmentada. Esta forma de romper la imagen y repetirla tiene mucho que ver con la publicidad actual, también con la forma en que recibimos la información de los medios gráficos y televisivos.

–¿Adscribís a alguna corriente plástica? 
–Hoy en día existe un gran eclecticismo en el arte, no creo que haya corrientes artísticas como en el siglo XX cuando se manifestaron las vanguardias. Hoy se tiende a buscar cosas de distintas corrientes, licuarlas, procesarlas, agregarle pensamientos propios y ver qué sale. Soy un pintor realista por mi forma de representar las cosas pero no puedo adscribirme en el clasicismo o hiperrealismo, por ejemplo. Hay cosas en mis cuadros que no encajan en esas corrientes. Sí es verdad que me siento más representante de algunas corrientes que de otras. –¿Quiénes son tus referentes en el arte? 
“Siento que en el lenguaje gráfico, las personas o las cosas bellas transmiten sensaciones placenteras y espirituales”.

–Cuando era muy pequeño mis referentes en el arte eran los dibujantes de Walt Disney, soñaba con ser un dibujante de esa compañía. Me ejercitaba mucho y hasta hice un curso de dibujo por correspondencia cuando tenía 8 años. Luego, en la adolescencia, descubrí a los grandes maestros de la pintura, como Caravaggio, Vermeer, Leonardo y tantos otros. A partir de ese momento quise ser pintor. A los 20 comencé a conectarme con maestros de la pintura argentina, como Alberto Delmonte, Roger Mantegani o Ary Brizzi. En esa época también conocí el Museo Nacional de Bellas Artes y me enamoré de nuestra pintura. Hoy en día mis referentes son los pintores jóvenes, no sólo de la Argentina sino de todas partes de mundo, que hacen cosas maravillosas  y con los que puedo conectarme a través de Internet para conocer obras y compartir ideas.

– ¿Trabajás con modelos? 
–Las personas con las que trabajo son una fuente de inspiración para mí, además de ser una referencia de la figura humana. Trabajo con modelos que, generalmente, son mis amigos o familia. Esto se debe a la necesidad de compartir mi trabajo con mis seres queridos, de sentirlos cerca cuando estoy encerrado en mi taller trabajando. Mi trabajo con ellos consiste en hacer sesiones de fotografías  que siempre son muy divertidas y placenteras, es fundamental que ellos se sientan cómodos para que  surjan cosas buenas. Luego utilizo esas imágenes para hacer mis composiciones. Generalmente de estas sesiones aparecen las imágenes que busco para mis pinturas y otras que no esperaba y que me inspiran nuevas ideas.

–¿Cómo es tu rutina de trabajo?
–No tengo una rutina de trabajo establecida. Soy muy indisciplinado. Trato de pintar cuando tengo ganas o estoy inspirado, y eso puede ser en cualquier horario. Sólo cuando me comprometo para una exhibición y no tengo mucho tiempo para hacer el trabajo puedo mantener una rutina.
“Trabajo con modelos que, generalmente, son mis amigos o familiares. Necesito sentirlos cerca cuando estoy encerrado en mi taller”.


–¿Qué es la belleza para vos? 
–La belleza es algo muy difícil de explicar. La relaciono con emociones que me producen ciertas cosas. Creo que lo que todos describimos como belleza está ligado a lo físico y que hay otra parte más espiritual que envuelve al término. Esta otra parte, para mí, es la más importante y abarca muchas cosas, emociones, sentimientos, recuerdos, deseos, sensaciones… está por encima de todo lo físico. Pero a la hora de describir la belleza en una imagen creo que la mejor forma es buscar un símbolo que todos puedan entender como bello.
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