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Mónica Régola se dedicó al deporte amateur: lanzamiento de disco y jabalina. Se enfermó de cáncer y al superar esa etapa, había engordado demasiado. Su meta inmediata fue volver a verse tan bien o mejor que antes. Así hizo para alcanzarla.
 
Era delgada, pero su contextura fuerte no coincidía con el estereotipo -flaca y estilizada- de una deportista nata. De todas formas, a los doce años, alentada por un primo, Mónica Régola comenzó a entrenar y terminó eligiendo el lanzamiento de disco y jabalina.

Su vida transcurrió haciendo lo que le gustaba, el atletismo y los estudios de Abogacía, hasta que en el 87 comenzó a sentirse permanentemente cansada y a bajar de peso. Llegó octubre y  -con apenas 42 kilos- el  escalofriante diagnóstico: cáncer de ovarios, colon y con metástasis peritoneal. Luego de varias intervenciones, le extrajeron los ovarios y debió aplicarse los tratamientos de rigor, es decir, rayos y quimioterapia.

“Necesitás un 50 por ciento de voluntad y un 50 por ciento de suerte”, le dijeron. Y Mónica, con todas las ganas de vivir, concentró toda su energía en curarse. Se conectó con el Padre Mario –quien atravesaba sus últimos días- y empezaron a reunirse. “Si seguís así vas a terminar muriendo”, le dijo cuando la conoció. A medida que avanzaban los encuentros, se sentía cada vez mejor. “El cambio fue milagroso. Recuerdo que estaba con cuarenta y cinco personas más y él, con los ojos cerrados, cuando era mi turno me hacía imposición de manos por la zona baja abdominal”.
Hace diez años que, con la regularidad de un reloj, se hace chequeos: el mal está controlado.

Tratar de estar mejor

A raíz de su enfermedad, Mónica debió suspender la actividad física. Se le produjo un desfase hormonal que desencadenó un lento aumento de peso. Llegó a pesar 76 kilos que no lograba bajar con dietas estrictas y apoyo profesional. “Pasaba hambre y no podía adelgazar”. Y “era más que un problema estético”. Se sentía mal, debía comprarse ropa para mujeres mayores, se miraba al espejo y se veía “cuadrada”. Más de una vez se había encerrado en su habitación por vergüenza. “Ni siquiera podía cruzar las piernas”. Quería volver a sentirse satisfecha consigo misma.
Le realizaron Laserlipólisis en el abdomen, las caderas, la espalda, los muslos, los brazos y la papada


Entonces, se contactó con la productora del programa de televisión Transformaciones y conoció al Dr. Schavelzon, director de Centros B&S. “Le dije que me sentía como si me hubieran puesto una mochila con 36 kilos. Sentí que era el único que me entendía”.

Le realizaron una Laserlipólisis en el abdomen, las caderas, la espalda, los muslos, los brazos y la papada.  Fue una intervención que duró horas pero que cambió completamente su vida. Al poco tiempo volvió al quirófano de Centros B&S para reducir las mamas.

Dice que no sintió dolor ni incomodidad, que no tuvo sangrado. “Me acuerdo que cuando llegué a La Plata, donde vivo, la gente me llamaba para saber si estaba internada. Y yo ya estaba en casa mirando tele”, recuerda. Y subraya el respeto con el que la trataron durante la filmación.
Se siente plena y está orgullosa de poder mostrarlo


“Ahora tengo cintura”, comenta y enseguida señala la camisa que lleva mientras explica que antes esos mismos botones se le soltaban. Usa un jean elastizado. Se siente plena y está orgullosa de poder mostrarlo.

Luego de las operaciones, volvió a entrenar. Continúa con sus estudios de Derecho y trabaja ad honorem en el Consejo Nacional del Deporte y la Mujer y en el Foro de Deportes del  Instituto Nacional Contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo, Inadi. “Siento que he vuelto a empezar”, dice con una gran sonrisa imposible de olvidar.
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