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Pérez Becerra ha ganado una buena cantidad de premios y tiene la humildad de los grandes. Su pintura está muy cruzada por la literatura y la parodia. En esta nota nos cuenta su teoría sobre el “pentimento” en pintura y su visión sobre el mundo de los concursos de las Artes Plásticas.
 
Alejandro Pérez Becerra nació en  Mar del Plata, Argentina, en 1944.
Estudió Filosofía y Letras y Sociología en la Universidad de Mar del Plata.   Es autodidacta en pintura y estudió técnicas de grabado con Aída Carballo.

La escritora Luisa Mercedes Levinson descubrió su trabajo en 1976  cuando pintaba en la Plaza San Martín de Buenos Aires. Lo introdujo en el mundo artístico y organizó su primera exposición individual, en la cual todas las pinturas expuestas se vendieron. Desde entonces y hasta ahora su obra ha sido expuesta en el país y en el extranjero y ha recibido las más conceptuosas distinciones de la crítica especializada que reconoce en este maestro argentino a uno de los más prestigiosos plásticos de Latinoamérica.

Obtuvo diversos premios, entre los que se destacan: Primer Premio, Primera Bienal de Mar del Plata (1981), Segundo Premio, Fundación ESSO, Buenos Aires. Premio Benson & Hedges, Buenos Aires (1982), Premio Fundación ESSO, Museo Caraffa, Córdoba (1984), Primera Mención, Salón Nacional (1986), Mención, Premio Siemens (1990), Medalla Especial del Jurado, I Salón de Pintura de San Luis (CIDED 1993), y Premio de Honor Expresarte. Centro Cultural Catedral. Spinetto. Buenos Aires (1995).

Guía de Transformaciones Estéticas lo entrevistó en su estudio de la Avenida de Mayo y éstos son los pasajes principales de la charla.

¿Cómo pasaste de la filosofía y la sociología a las artes plásticas? ¿Cómo te iniciaste?
En Mar del Plata trabajaba haciendo decoraciones y mueblería. En el ´71 comencé a estudiar sociología y en el ´73 me relacioné con la gente de la revista Crisis enviándoles dibujos, me citaron en Buenos Aires y comencé a colaborar con ellos. Yo no tenía formación, recién empezaba. Luego decidí venir a vivir a Buenos Aires y lo que pintaba lo vendía en Plaza San Martín y en San Telmo, ya que quería vivir de la pintura. Luego conocí a la escritora  Luisa Mercedes Levinson que me convocó a hacer dibujos para su libro A la sombra del búho. Pero hubo problemas con el libro, que en ese momento no se hizo. Más tarde Levinson escribió Úrsula y el ahorcado, donde hablaba de los pintores que había conocido y me mencionaba. En el ´76 hicimos una muestra bastante importante en Austria pero todo se perdió, hubo mala suerte.

Me parece que estás muy cruzado por la literatura
Así es, incluso tuve contacto con grupos literarios,  y conocí a Borges, Mujica Lainez, Ángel Battistessa. Ahora escribo un poco en un blog (al-jazerra.blogspot.com). Me gusta mucho la crónica, el ensayo. Me atrae lo que escribe Osvaldo Lamborghini, a quien conocí en Mar del Plata.

Si tuvieras que ilustrar la obra de algún escritor ¿de quién sería?
Lo último que hice fue una ilustración para un cuento  de Guillermo Martínez, en el New Yorker, que se llama “Puente Viejo”.

¿Te inscribís en alguna corriente plástica?
Soy expresionista, con un cierto toque onírico, aunque lo principal es el realismo. Me siento cercano –aunque no tengo la capacidad de ellos- a Molina Campos, Benedict.

Tenés la serie Narigones, y veo mucho de comic, de grotesco, de parodia. Incluso el mentiroso tiene la nariz larga.
Si, es así. En toda mi obra hay mucho de grotesco, de la comedia italiana, el radioteatro. También se relaciona con el mentiroso, pero un mentiroso más teatral, más impostado. Creo que surgió a raíz de ver una serie de  Antonio Seguí que se llama El Doctor Tulp.

Todos los grandes pintores tienen el “pentimento”, que es lo que les da riqueza.

Tus figuras humanas no responden al canon de belleza actual ¿por qué? ¿Te preocupa?
Es verdad. Porque mi concepto es bastante clásico, por un lado, y con toques de grotesco. Yo tengo mucho que ver con la pintura de los años ´70, con el grupo Nueva Figuración que intenta desestructurar la figura abstracta mediante el desplazamiento, el detalle del movimiento, la cita escrita en el cuadro. Creo que esa fue una de las mejores épocas de la pintura argentina.

¿A qué pintores argentinos admirás?
A Carlos Alonso, Seguí, Molina Campos, Rómulo Macció, si bien sigo muchas veces líneas distintas. Macció es fantástico, pinta mal. ¿Qué quiere decir esto? Pintar en contra. Por ejemplo: hacer el mejor cuadro e intentar hacer un primitivo. Macció quiere ser un primitivo de La Boca.  Entonces, pinta mal, dibuja mal y su cuadro termina siendo una maravilla, a pesar de ser uno de los mejores coloristas y dibujantes.

A partir del Premio de Honor Expresarte, en 1995, decidiste no participar más en premios ¿por qué?
En esa época yo ya estaba inserto comercialmente, tenía una galería que vendía mi obra acá y en el extranjero. Y pienso que los premios son para aquellos que se inician, que necesitan ser vistos, que no tienen tantas posibilidades de llegar a la muestra. Si bien yo fui jurado, tampoco estaba de acuerdo con los jurados. Había pintores de cuarenta y pico de años que hacían toda la “carrera” de premios para recibir las mensualidades y las jubilaciones. Y ganaban mucho más de lo que puede ganar un pintor exponiendo en galerías. Eso no me parece justo.

Es difícil vivir de la pintura ¿no?

En mi obra hay mucho de grotesco, de la comedia italiana, del radioteatro

Si, porque los materiales son carísimos. Además el mercado argentino no existe porque no hay grandes coleccionistas, entonces la única posibilidad es llegar al mercado externo, entonces hay que buscar galerías que lleguen a otros países.

¿Qué es lo que te “inspira” de la realidad para desarrollar tu trabajo? ¿tenés momentos epifánicos, de revelación?
En pintura, la verdad, no hay tantos momentos epifánicos. A veces tengo bocetos y pienso si pueden funcionar o no y cuando los llevo a color pueden no servir. Y si funciona comienza a aparecer una serie.
Hay un pintor italiano que se llama Nino Paladino que decía que cuando lograba una idea en un cuadro, enseguida la traslada a otro cuadro.

La pintura tiene algo que se llama “pentimento” (arrepentimiento), es un estilo italiano que significa dejar un poco a la vista el error. La pintura funciona agregando colores y cosas hasta que está armada, pero una tachadura, por ejemplo, que es el “pentimento”, le da características muy especiales a la obra. O una mancha que está tapada le puede dar riqueza al plano. Todos los grandes pintores tienen el “pentimento”, que es lo que les da riqueza.

De todos los premios que ganaste ¿cuál te dio más satisfacciones?
El del  Primer Premio, Bienal de Mar del Plata, que era de dibujo. Siempre había un premio para los que venían de Buenos Aires y otro para los marplatenses invitados, yo gané los dos.  Presenté un  trabajo que hice sobre el robo de La Gioconda, en que participó un argentino. Quedé muy conforme con ese trabajo.

¿Cómo es tu rutina de trabajo, si la tenés?
Si, me levanto temprano y empiezo a dibujar, luego pinto, si me canso vuelvo al dibujo… estoy todo el día acá.

¿Qué es la belleza, para vos?
Me parece que es el equilibrio. Una vez  pasé horas mirando un cuadro de  un pintor no figurativo, Martín Del Litto. Tapaba un punto rojo donde se le caía todo el cuadro y ese punto rojo sostenía todo cuando sacaba el dedo. Ese punto constituía el equilibrio que le daba una enorme potencia al cuadro.

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