» ellos también
Lo masculino no
quita lo coqueto
Ya suena “demodé” aquello de que verse bien es derecho y obligación de las mujeres. Los roles sociales mutaron y la imagen se valora sin distinción de géneros. En el caso de ellos, ya no sólo se trata de utilizar cremas antiarrugas. Según un estudio realizada por la Sociedad Internacional de Cirugía Plástica, el 11,4 por ciento del total de esas operaciones que se realizaron en 2004 fue entre hombres. Claves de la construcción de una nueva masculinidad.
 
Que el cuidado del cuerpo ya no es una cuestión meramente femenina lo demuestran a diario los gimnasios y los spa abarrotados de hombres y las revistas masculinas que dedican considerables espacios a notas sobre el tema. Y este asunto también  es cuestión tanto de salud como de belleza.

“Metrosexual”, un término inventado en 1994 por el inglés Mark Simpson para definir a los varones que no se avergüenzan de usar cremas antiarrugas, hacerse baños de crema en el pelo y hasta pintarse las uñas con una capita prolija de calcio, encuentra cada vez más ejemplos en las calles porteñas. Tantos, que empieza a sonar absolutamente “demodé” aquello de que verse bien es obligación y elección de mujeres.

No se trata sólo de un brote general de narcisismo puro, como pudo haber sugerido la palabra “metrosexual” en un primer momento. Sucede que el siglo XXI nos encuentra en una
El concepto de masculinidad está cambiando
sociedad que tiene muy en cuenta eso de que “no sólo hay que ser, también hay que parecer”, que está muy atenta a la imagen. Quizás muchos crean que las apariencias pesan demasiado, puede que  así sea. Pero el asunto es que aún los más críticos del imperio de la juventud y la belleza no negarían que esta tendencia presiona a todos, sin distinción de géneros.

Para entender por qué, hay que contextualizar el tema. Recordar que incluso los roles del hombre y la mujer vienen cambiando: la presencia masculina en el hogar, muy al tanto del cuidado cotidiano de los chicos, es mayor que hace treinta años y cada vez se escucha más que ella tiene un empleo fijo y él no. En otras palabras: el concepto de masculinidad está cambiando, de tal modo que ese viejo dicho popular respecto de que el hombre es como el oso remite casi a la prehistoria.

El varón de hoy se siente con derecho a cuidar su imagen, por sí mismo y por los demás. ¿Quién puede cuestionar esa libertad? Además, suele encontrar apoyo y contención en la mujer. Lo masculino, pues, ya no quita lo coqueto.

Lo que ellos quieren

Dos de cada diez personas que compran cosméticos son hombres y en los últimos dos años la demanda de tratamientos estéticos de parte de ellos creció un 30 por ciento.
Los hombres ya se animan también a la Cirugía Estética. Claro que a su manera: tal vez más miedosos que ellas, con el cálculo tiempo/inversión en la cabeza, en busca de los “Lunch times procedures”, como llaman los norteamericanos a las intervenciones breves con post operatorios cortos.

Según un estudio realizado por la Sociedad Internacional de Cirugía Plástica (ISAPS), el 11,4 por ciento del total de cirugías estéticas que se realizaron en 2004 fue entre hombres. ¿Qué pasa en Argentina? Si en 2003 el 13 por ciento de las intervenciones se hicieron entre varones, en 2004 esa cifra trepó casi al 19 por ciento.

La búsqueda de una belleza en general asociada a la juventud es la principal motivación a la hora de decidir una operación de este tipo. Los datos de la ISAPS son claros: ellos se hacen Botox para las arrugas (15,4 por ciento) y cirugía de párpados (11,9 por ciento). También se corrigen la nariz (15 por ciento), se sacan el “salvavidas” abdominal mediante la lipoaspiración (casi el 10 por ciento) y se hacen micro transplante capilar (3,5 por ciento).
A ellos les interesan los tratamientos progresivos que no producen cambios drásticos en la imagen.

Esas cifras sugieren que a los hombres les interesan los tratamientos progresivos que no producen cambios drásticos en la imagen. Y si bien es cierto que expresan más directamente los temores que las mujeres, el acceso a mayor información les ayuda a perderlos. La ciencia avanza a pasos de gigante y la aparición de técnicas menos agresivas, el uso de anestesia local, los post operatorios cortos y las facilidades de pago los ayudan a tomar la decisión.

Según pasan los años

A los 20 años, molesta la forma de la nariz, las marcas dejadas por el acné y las orejas. A los 30, cuesta aceptar las arrugas incipientes, la pérdida del pelo se hace mucho más notoria y la pancita  se resiste a las dietas y la gimnasia. Entre los 40 y los 50, molesta aún más el “salvavidas”, los surcos faciales marcados, las bolsas en los párpados, la huella fija del cansancio o del enojo, la papada, las delatoras entradas. Habrá quien opine que alguno de estos rasgos pueden ser señales de experiencia, incluso sexys. Pero el espejo no es piadoso y no deja de evidenciar cómo se van acentuando. Después de los 60 los problemas suelen ser otros: la caída de los párpados que puede llegar a dificultar la visión o la posibilidad de contraer micosis entre los pliegues de la piel.

Incluso la búsqueda de éxito laboral hace que ellos reconozcan cada vez más abiertamente su derecho a sentirse y verse bien, ayudados por cremas, sesiones de masajes, drenaje linfático, depilación de la espalda y el pecho para disminuir la transpiración, Botox para relajar las expresiones faciales, microdermoabrasión para atenuar arrugas, eliminación de adiposidades localizadas, tintura de las canas,  minilifting  o microtransplante capilar. Hay tratamientos para todas las necesidades. Es cuestión de consultar a los especialistas, ponerse en buenas manos, informarse, evaluar y animarse.
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