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La reconocida escultura Claudia Aranovich nos cuenta cómo nació su vocación, del desarrollo de su obra y de los criterios estéticos, por supuesto.
 
Claudia Aranovich es una reconocida artista visual, escultora. Nació en Buenos Aires en 1956. Estudió arquitectura, dibujo, pintura y diversas técnicas escultóricas  –con Ana Eckell, Jorge Gamarra y Leo Vinci– y participó en grupos de investigación creativa dirigidos por Emilio Renart. Entre otras becas y reconocimientos, recibió los de la Secretaría de Cultura para un programa en España (2004), la Fundación Antorchas para Estados Unidos e Inglaterra (1999 y 2001) y The Pollock-Krasner Foundation of New York (1994).

–Principalmente esculpís,  pero te definís como “artista visual”...
–Hasta hace algunos años se hablaba de “artista plástico”, pero resulta que los bordes de ciertas disciplinas, escultura, dibujo, pintura se han diluido bastante durante los últimos diez años. Además realicé trabajos en fotografía. Uno se dedica al campo de lo que se ve, de lo visual. Pero, últimamente se impone ese término.
“Muchas veces las ideas parten de los sueños, Ahora estoy soñando con esculturas que vuelan como si fueran nubes”.


–Te ocupaste del tema de espacios públicos...
–Hice una beca por Fundación Antorchas en Inglaterra y Estados Unidos, di cursos e hice una investigación sobre el tema, pero hasta ahora no he conseguido poder hacer algo en la Ciudad de Buenos Aires. En la zona de Puerto Madero, donde hay edificios tan importantes podría haber alguna escultura, pero no. Muchas ciudades latinoamericanas tienen en sus espacios públicos este tipo de trabajos, pero Buenos Aires no parece demasiado predispuesta, está muy atrasada en este aspecto y nos quita a los escultores vivos la posibilidad de ejercitarnos en un campo que nos es natural. En Argentina hay esculturas mías en Bahía Blanca, Resistencia (el Monumento a la Humanidad) y Pinamar. En Estados Unidos hay una en Nueva Jersey y en California.


–Mirando tu taller y tu obra, se nota que sos una verdadera “obrera”.
–Es cierto. Mi trabajo implica mucho compromiso físico. Hago trabajos muy grandes, uso diversos materiales, muchas herramientas. Para trabajar con madera uso sierra eléctrica, pulidoras, máquinas de corte. Para la resina poliéster uso moldes, pintura, pinceles. Muchas son herramientas pesadas.

–¿Te sentís cómoda haciendo este trabajo que no responde al canon  “femenino”?

–Es relativo, cuando era jovencita había muy pocas mujeres en la escultura. Pero ahora ya no, se ha equiparado mucho entre hombres y mujeres. Tradicionalmente, en las premiaciones, había cierta inclinación a valorar el trabajo masculino, por las obras grandes en piedra, hierro o madera, pero esto está cambiando. Se pensaba que la obra maciza, pesada, tenía un valor extra, pero ahora la obra etérea con materiales no tradicionales tiene muchas más posibilidades de ser favorecida en un concurso. Antes, a la resina o al mimbre no se los veía como material escultórico, pero por suerte ya no se piensa así.
“He tenido alumnos cirujanos plásticos. Siempre decían que lo que buscaban en el taller no estaba relacionado con su profesión. Pero posiblemente haya alguna relación”.


–¿Cómo te iniciaste en la escultura?
–Siempre sentí atracción por la Plástica. De adolescente estudié pintura y dibujo, iba a talleres. Luego hice gran parte de la carrera de arquitectura. Pero sentía que eso no era lo mío. En ese momento había pocas opciones universitarias. Paralelamente seguía haciendo talleres de escultura, tenía mi taller, mis herramientas. Y a los 25 años ya estaba completamente orientada a la escultura. Pensaba que si lograba ganarme la vida con esto, bien, y si no también, esto era lo mío. Hoy puedo decir que he logrado ganarme la vida con esto: no sólo vendo obra, también dicto clases en mi taller y en la facultad en la carrera de Curaduría, incluso he trabajado como curadora organizando muestras. Hay que tener en cuenta que la pintura se vende más que la escultura.

–¿Te inspirás de algún modo en particular para elaborar tus obras?
–Muchas veces las ideas parten de los sueños, por lo general son imágenes. Ahora estoy soñando mucho con esculturas que vuelan como si fueran nubes. Otras veces un trabajo trae al otro.

–¿Cómo es el proceso de trabajo?
–Primero comienzo por dibujos, luego lo paso a maquetas y después hago prototipos, veo como va quedando y finalmente –si todo va bien- comienzo la obra. Este es un trabajo caro que insume mucho tiempo, por eso hago antes todo este proceso. A veces termina siendo algo diferente a como lo pensé originariamente.

–¿Te inscribís en alguna corriente en particular?
–No. No tengo una sola línea de obras, hago cosas muy diversas. Me gusta trabajar con la dicotomía de materiales naturales y materiales artificiales, por ejemplo.


–¿Tenes alguna rutina de trabajo?
–Un par de veces a la semana trabajo con un asistente, entonces hay un horario. Me molesta mucho el ruido del teléfono, a veces lo tiraría. Otras veces doy clases o dibujo. Pero creo que tengo un horario como de oficinista.

–¿Qué es la belleza para vos?
–Creo que los criterios de belleza tienen que ver con la armonía, con lo que tiene cierta fuerza o definición. Y en ese sentido trato de que mis cosas sean armónicas.

–No se ven muchas figuras humanas en tu obra.
–Sí, lo que pasa es que hay épocas en que soy más figurativa que en otras. Aunque creo que soy más bien no figurativa.

–¿Qué es un cuerpo bello?
–En principio, que no sea amorfo. Una cara bella tiene que tener definición en las facciones. En escultura, por ejemplo, es conveniente el contraste de curvas y líneas rectas. Y en el cuerpo humano creo que es más bello que se atisben las formas de los huesos.

–¿Cuál fue tu mejor momento creativo?
–Tuve muchos buenos momentos. Pero uno particularmente bueno fue en el 2001, yo estaba en Estados Unidos trabajando en una obra para un parque, estaba muy entusiasmada y entregada a lo que hacía. Los buenos momentos son aquellos en que estoy conmovida con algún proyecto.

–¿Qué satisfacciones te dio tu profesión?
–El reconocimiento. Varias veces salieron notas sobre mí en los diarios. Todo esto hace que la gente tenga una mirada hacía mí de mayor empatía. Hay cierta consideración de parte de los demás. Si bien vivo como todos en este mundo, mucha gente cree que uno como escultor está envuelto en su propio mundo, cosa que muchas veces es cierta. Vista por los demás, la escultura es una profesión más interesante que la de ser contador. Por otra parte, en lo económico esta es una profesión en que nadie nada en la abundancia. Pero depende de los objetivos de cada uno.

–¿Cómo te llevás con la crítica?
–Depende. Pero en general a los críticos los respeto mucho, son estudiosos. Muchas veces sus críticas me ayudaron. Me gusta leer los comentarios que se hacen en revistas de cultura. Pero hay gente que no es seria, que ocupa lugares que no merecería.

–¿Qué busca la gente que viene a un  taller de escultura?
–La gente grande viene porque siempre quiso hacer esto y no pudo, porque siempre le gustó. Otros vienen con la fantasía de desarrollo personal. Por lo general es una búsqueda espiritual, buscan algo que vaya más allá de lo cotidiano. Es curioso: siempre tengo alumnos que rondan mi edad: cuando tenía 35 años el promedio tenía esa edad, ahora como la edad que tengo.

He tenido alumnos que eran cirujanos plásticos. Siempre decían que lo que buscaban en el taller no estaba relacionado con su profesión, que venían por un desarrollo personal. Posiblemente haya alguna relación entre esta especialidad, la Cirugía Estética, y la escultura. La Cirugía Plástica transforma un cuerpo para que sea más armonioso, la escultura transforma un objeto.
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