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Silvia Goltzman es pintora, con muestras en el país y Europa, y docente de plástica. Su obra geométrica y sensible “trata de captar la emoción, lo interior, el sentido de pertenencia y de género”, dice. Además, aquí habla de belleza, figura humana y profesionalismo. De cómo la vida se puede convertir en arte.

Silvia Goltzman es pintora. Su obra se inscribe dentro de la tradición abstracta y en un singular perfil que ella llama “geometría sensible”. Desde 1981, su obra integró exposiciones individuales y colectivas en Argentina, Barcelona y París.  Profesora Nacional de Dibujo y Pintura, egresada de la Escuela Nacional de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón, amplió su formación plástica en Taller Sur de Alberto Delmonte. Ejerce la docencia artística desde 1983 en distintos ámbitos y niveles de enseñanza.

–¿Cuándo decidiste dedicarse a la pintura?
–A veces es difícil precisar cuando un proceso de afición, se traduce en profesión. Al principio, como todas las actividades expresivas en su inicio, en la infancia, estas capacidades  son un juego, un canal de expresión; en la medida que maduramos. En esa etapa  primaria  tuve inclinación hacia lo artístico en todos los órdenes: la música, el canto, la pintura, finalmente abordé la pintura con más profundidad, y me dedique al estudio y formación que requiere esta disciplina, ininterrumpidamente desde el momento que la elegí como modo de vida, y como profesión. No hay un porqué. En general son múltiples factores y  hay procesos de crecimiento y de emotividad y sensibilidad  que te llevan a sentir que ese es el camino donde uno puede estar cómodo transitando por la vida.

“El hombre en el sentido de totalidad es la base de mis principios expresivos”.

–¿Cómo definirías el cruce de influencias que denota tu obra?
–Estoy  dentro de la abstracción,  en lo que podemos denominar geometría sensible. En mi formación  hay suma de aportes del constructivismo rioplatense, del cubismo, el expresionismo, la Bauhaus, lo primitivo, las culturas aborígenes. Me interesa el clasicismo como actitud que trata de rescatar lo permanente en el arte y todos los movimientos que se identifican con esta idea. Tuve una importante formación plástica en el Taller Sur, de mi maestro Alberto Delmonte, que se encuadra dentro del constructivismo americanista, con un acercamiento a la escuela rioplatense de Joaquín Torres García.

–¿Cuál es tu ideal de belleza?
–Armonía, proporción, sensibilidad con relación a un contexto, a una idea, y a un comportamiento y ordenamiento visual, y pertenencia a la sociedad del cual emerge el concepto de belleza. Hay diferentes ideales de belleza, y todos son bellos. Creo que lo bello no debería ir asociado a un estereotipo, sino que debería estar en relación con uno mismo, lo que a cada uno nos construye.

–¿Y del cuerpo humano?
–Es la misma mirada que puedo tener hacia lo humano en general. Una mirada sensible, que trata de captar la emoción, lo interior, el sentido de pertenencia y de género, la unidad como existencia y presencia de lo universal. El cuerpo es el andamiaje que nos permite decir algo más de nosotros mismos.

–Sin embargo, en tus trabajos no hay figuras...
–Dentro de la abstracción, el reconocimiento visual de formas naturalistas no está presente. Pero sí está el hombre como símbolo y como esencia y como forma primaria. Está presente el hombre en un sentido global de pertenencia a las formas, en definitiva: el hombre y la naturaleza como principio fundamental para el entendimiento de una organización plástica. El hombre en el sentido de totalidad,  es la base de mis principios expresivos.

“Hay diferentes ideales de belleza, todos bellos. Lo bello no debería ir asociado a un estereotipo”


Sivia vive en General Madariaga, “en una quinta, en contacto muy directo con la  naturaleza y en un espacio donde el arte es la respiración permanente. Convivo con un artista plástico, que también esta en la docencia artística, así que este es el tema diario, y un modo de estar en el mundo”. En es ámbito, explica, “hay momentos de más producción, aunque nunca  trabajo en una sola obra, simultáneamente abordo varias pinturas. Y hay otros momentos de silencio.

–Pero nunca se detiene el proceso creativo...
–Siempre se está procesando internamente, para luego darle un significado formal. Por mi manera de trabajar, donde hay una gran presencia de texturas, transparencias, grafismos, las calidades se van logrando poco a poco, van apareciendo, después de un lento proceso. La gestualidad no es casual sino producto de una  elaboración , y sumatoria de momentos.  Gestualidad en un marco de organización estructural, la razón, el conocimiento y el oficio  siempre están presentes para ordenar.

–¿Se puede hablar de una obra de género femenino? ¿Por qué?
–Tal vez se acercan más al universo femenino, en cuanto a un modo expresivo donde las formas tienen características más sensibles. De todas maneras, en todos los seres humanos lo masculino y lo femenino están presentes, conviven, en algún momento surgen esos modos en lo artístico también.

–¿Qué les decís a los jóvenes artistas?
–A los jóvenes que se definen por lo artístico, ya sea en el lenguaje musical o plástico, podría sugerirles el oficio, el estudio, la profundización. No es esperable la excelencia si no hay una entrega. Además, les aconsejaría no anteponer la originalidad a la generación de un proceso que nos de formas creativas y no dejar en manos de la improvisación lo que requiere investigación, práctica y conocimiento. El profesionalismo y el conocimiento no quitan, dan siempre.

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