Guía de Transformaciones Estéticas
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Julio Lavallén: “Curiosear, para llegar a lo trascendente”

Un autodidacta es un curioso muy inseguro porque no hay ningún título que lo habilite a uno.

Julio Lavallén nació en Concordia, Entre Ríos, en 1957. Finalizando sus estudios secundarios presentó sus trabajos en una feria artesanal, la directora de la Escuela de Artes Visuales, profesora Celina Migoni, reparó en su obra y lo invitó a exponer en el Museo de Arte Visuales de Concordia, donde realizó, su primera muestra individual en 1974. Años después decide instalarse en Buenos Aires, donde conoce a importantes artistas plásticos, entre ellos a Keneth Kemble.

Por esos años, intervino como asistente de escenógrafo y realizador de objetos para la Compañía Argentina de Mimo, grupo dirigido por Ángel Elizondo. Se relaciona con el mundo del teatro y del cine y comienza a trabajar como escenógrafo. En 1986 el director Jorge Olguín lo convoca para incorporarse al equipo de la película A dos aguas. Luego vendrán el film Sur, de Pino Solanas y Kindergarten, de Jorge Polaco, entre otras.

A fines de los 80 decide viajar a España, y permanecerá en Europa durante casi diez años. Expone en forma individual en galerías de París, Roma, Nueva York, Londres y Madrid.

Lavallén, que se define como autodidacta, es un hombre inquieto y, ya vuelto a Buenos Aires, funda la Sociedad Manual -dedicada en su inicio a ofrecer trabajo a jóvenes desocupados sin oficio-. Abre un taller de arte para alumnos y refunda su sala de arte con el nombre de Espacio Lavallén, que convive con su restaurante de comidas regionales Almacén Secreto, abierto en 2003 junto con su mujer, la actriz María Morales Miy.

Cabe señalar que la crítica lo incluye dentro de la corriente figurativa argentina.

Guía de Transformaciones Estéticas quiso conocerlo y se comunicó con él. Acá va el reportaje.



GDETE: ¿Cómo es su proceso creativo? ¿y su rutina de trabajo?

JL: Lo mío proviene de lo inesperado. De pronto me asalta una idea, o una duda, o una certeza. Un disparate. No importa la procedencia, ocurre. Luego viene el oficio. En cuento a mi modo de trabajo diría que es constante pero no periódico. A veces ocurre afuera -en el taller- y a veces adentro, en mi cabeza.

GDETE: ¿Qué es lo que lo inspira de la realidad?

JL: Aquello que me toca, aquello que me detiene. Eso que llamamos Realidad, que en realidad no existe más que en forma muy parcial, en cada uno de nosotros… y en cada especie, incluso a veces permite lecturas maravillosas. La descomposición de la luz y la comprensión del volumen, los movimientos del viento en la vegetación, las líneas perfectas del agua, son vocablos, son a veces frases, a veces sílabas.

GDETE: El trabajo de un pintor es por lo general solitario, individual. Usted se ha desempeñado como escenógrafo en teatro y cine, donde se trabaja más en equipo ¿qué diferencias encuentra en ambos tipos de tarea? ¿dónde se siente mejor, más cómodo?

JL: Me siento cómodo en ambos terrenos. La pintura es una tarea íntima, pero el teatro o el cine no es posible sin otros. Va de suyo que todos somos oficiantes de la teatralidad de una idea, de la puesta en escena. Imposible no pensar en las luces, en los volúmenes, en los desplazamientos, en el “tempo”, como imposible no contar con los co-oficiantes de la ceremonia.

GDETE: ¿Cuáles son los artistas plásticos que más lo influenciaron?

Lo mío proviene de lo inesperado. De pronto me asalta una idea, o una duda, o una certeza. Un disparate

JL: Como buen autodidacta, he “copiado” a todo el mundo. He experimentado con las ideas y las maneras de las pinceladas de cada pintor que me ha llamado la atención, de cada artista al que he querido. Muchos fueron romances pasajeros, deslumbramientos, y otros fueron patrones que se instalaron. A veces busqué el éxito, entonces me equivoqué. Otras veces entendí mejor aquello de que se es pintor y tal vez artista, y no que se es artista y para eso hace falta hacerse pintor. Dar nombres de maestros que dirigieron mi pintura es inútil, fueron los buenos, medievales, renacentistas, siglo XIX, contemporáneos. Lo noto en mi biblioteca, que contiene un gran eclecticismo.

GDETE: La crítica lo incluye en la línea figurativa ¿Usted está de acuerdo, por qué?

JL: A veces pienso que la palabra figurativa podría tener dos estados. Uno que abarca el contenido, y otra el continente. El borde y el relleno y el entorno y, la relación entre el borde y el relleno y el entorno. Pongo las “y” para que se entienda de manera sucesiva. Es decir, una figura tiene un borde, un contorno (porque hablamos de un plano, el del cuadro) y luego ese contorno requiere un contenido un relleno. Puede que esa figura narre una historia en su relación con las partes de adentro del contorno y de afuera. O puede ser que la imagen misma sea la historia. Que la figura sea construida sin contorno, con el adentro y el afuera, con lo espiritual, con lo energético. Puede que se trabaje con contornos y aun así, estos contornos emocionados construyen una realidad influenciada por los sentimientos y entonces esas figuras lucen expresivas, más reales que las anatómicamente reales y “correctas”, desde el punto de vista cartesiano. Eso es ser figurativo. Narrar, mostrar, pero con los medios de la emoción, del color, de la luz. Eso quisiera ser.

GDETE: En su taller ¿qué es lo que le interesa transmitir a sus alumnos?

JL: Hay dos cosas importantes la curiosidad, y el oficio. El oficio se puede enseñar, y la curiosidad a veces se puede despertar. Eso guiará a un futuro artista. Sin oficio no hay posibilidades de construir nada. Al menos nada personal, solo se puede copiar. Y copiar es lo más fácil e intrascendente. Entonces, primero lo más fácil: copiar. Luego hay que curiosear, para llegar a lo trascendente. Y luego entender estos mecanismos en uno mismo y ver, si uno puede manejarlos, combinarlos. Divertirse. Y así se te va la vida.

GDETE: Se define como autodidacta. Por lo que se ve en su blog Usted tiene un bagaje teórico muy desarrollado.

Un autodidacta es un curioso muy inseguro porque no hay ningún título que lo habilite a uno. Uno se cree que sabe de algo o presume de conocer pero nunca está conforme

JL: Como decía, un autodidacta es un curioso muy inseguro porque no hay ningún título que lo habilite a uno. Uno se cree que sabe de algo o presume de conocer pero nunca está conforme. En esa necesidad de confirmación, de afirmación, radica la intranquilidad por buscar “ramificaciones que lo confirmen”. Entonces, una cita lleva a la otra, un nombre a otro. Así se construye un mundito de collages infernal, o celestial, que tiene como necesidad final un universo más amplio que luego pasa a ser parte de otro aún más amplio… y así.

GDETE: ¿Puede contarnos algo del Espacio Lavallén? ¿Cómo se le ocurrió crearlo, por qué?

JL: Funciona en forma regular, aunque con diferentes mudanzas, desde comienzos del año 2009. Al principio de llamaba Cul de sac, porque funcionaba en sociedad con el Almacén Secreto, un restaurant a puertas cerradas en la calle Aguirre, en Villa Crespo. Pero cuando nos trasladamos a Colegiales, en la calle Gregoria Perez, se transformó en Espacio, con mi apellido. Era un metejón que yo tenía con “hacer cosas con mis colegas”, y como tenía el restaurant que nos permitía mucho movimiento de gente interesada por vivir experiencias diferentes en lugares con cierto exotismo, ver Arte colaboraba. El restaurant nos alimentaba materialmente y el Espacio producía otros efectos más elevadores. Finalmente, cerramos el restaurant y el Espacio se instaló en el que fuera mi taller, en la calle Solís. En esta tercera etapa incorporamos las artes inscriptas en el tiempo, el teatro y la música, que no viven inmovilizadas en el espacio, como ocurre en la pintura.

GDETE: ¿En qué puede modificar la realidad la pintura?

JL: No se conoce ninguna guerra que haya sido detenida por la paloma de la paz de Picasso, ni su Guernica abolió las bombas. Digamos que la realidad referida a la relación de las personas con otras personas y con su entorno es imposible de ser modificada desde la pintura. Esa más bien es tarea de la política. Pero si bien el arte no altera el aspecto general, puede alterar y mucho lo individual. El arte opera adentro, no afuera. El arte no modifica la realidad. El arte es un clic-inside. Un pequeño y leve despertar intransferible, personal, secreto. Sin precio, sin contacto con la realidad.

GDETE: Y por último, ¿Qué es la belleza para usted?

JL: La belleza es algo supraterreno que está en lo visible. En un arrebato sensible el intelecto la trae a la existencia de manera inmediata, por eso mismo es sutil. Y entonces escapa a la definición porque necesita mostrarse por sí sola, como la mediadora única e instantánea del fenómeno que la motiva y la idea que tenemos de ese fenómeno. En ese movimiento de nuestro corazón reside lo bello. Sin moral, sin propósito, eso enciende la luz, y se la ve.